|
Capítulo IV PRIMERA LLAVE: LA RESPONSABILIDAD (Este capítulo es continuación del capítulo nº 3: Construyendo tu vida) Sólo tú puedes ser el responsable de ti mismo, y solamente responsabilizándote tú de ti mismo puedes ser libre y tener el poder sobre ti. Acepta tu responsabilidad absoluta sobre ti a partir de ahora. Tanto en lo malo como en lo bueno. Si delegas tu responsabilidad en otros estás regalando tu poder sobre ti también. Pero desde el momento en que te responsabilizas de ti mismo ya puedes empezar a actuar. Coge las riendas de tu vida. Ahí están tu poder y tu libertad.
Responsabilizarte de ti mismo significa responsabilizarte de todos tus pensamientos, emociones y estados de ánimo.
Ya no puedes culpar a alguien externo a ti por lo que suceda dentro de ti. Ahora ya nadie más podrá ser el responsable de tus pesares. Si alguien ajeno a ti fuera el responsable, tú no podrías hacer nada, y sería una catástrofe, pero si lo eres, y ahí es donde empieza tu poder, sólo tú y nadie más que tú puede arreglar tu vida.
Nadie más que tú puede poner orden en tus pensamientos, emociones y estados de ánimo. Nadie más puede hacer esto por ti. Responsabilizarte de ti mismo significa entre otras cosas que ya nadie más tendrá poder para ofenderte o hacerte enfadar. Nunca más nadie te podrá hacer daño. De hecho nadie nunca ha tenido ese poder sobre ti. Tú se lo has regalado. No has actuado libremente, has reaccionado ciega y tontamente a las palabras o a los hechos de los demás.
Como un león ante el látigo de su amaestrador. Alguien señala aquí y tú saltas aquí, yo te señalo allá y tú saltas hacia allá, y mientras tanto te retuerces de dolor de estómago. ¿Pero no ves a una marioneta dentro de ti?
¿De veras crees que alguien externo a ti puede hacerte tanto daño? ¿Cómo? ¿Con unas simples palabras? ¿Por qué duelen tanto? ¿A quién le duelen tanto y por qué? Eso es lo que tienes que observar. Observa hacia donde apuntan. AHÍ ES DONDE TIENES LAS HERIDAS.
A este dolor yo lo llamo dolor-madre porque es la base de todos los demás dolores.
El dolor-madre es la suma de todas las heridas, traiciones y abusos que has sufrido en tu pasado. El dolor-madre, por ejemplo, es la causa de tu ira. Aquella injusticia que sufriste, aquello que piensas que te hicieron… o ni te acuerdas que es lo más frecuente. Pero este dolor sigue vivo dentro de ti. Sigue tan vivo como el primer día, latente en tu subconsciente. Por eso basta que alguien te lo señale con un dedo para que saltes. Todo esto ocurre a un nivel subconsciente muy sutil. Tienes que hacerlo consciente para verlo y así dejar de sufrir por su causa. Fíjate bien en ese dolor. Esta dentro de ti y tú te proteges contra él. Te irritas con alguien, y no tiene mucho que ver con la persona en concreto. Fíjate en como buscas motivos para poderte enfadar. Es algo muy doloroso y muy escondido que vive dentro de ti lo que te irrita. Está atrapado en tu mundo subconsciente, pero no por eso menos real. El dolor está ahí. La herida sigue sangrando. Esa herida todavía duele tanto que basta que alguien te la señale con una ofensa para que saltes y te pongas a la defensiva. Tu mundo no es libre acción sino reacción. Sólo cuando te permitas dejar de reaccionar podrás ser enteramente libre. En la reacción no hay sitio para la libertad.
Cuando te expresas ejerces tu poder. Cuando te quejas asumes el rol de víctima. Pero fíjate bien, y eso sólo lo puedes hacer observándote, observando al observador, porque por mucho que la tapes no conseguirás librarte de ella. Seguirá sangrando. De hecho el subconsciente lo que hace es tapar la herida para que tú no la veas y así sufras menos. No está pero sí que está y ese dolor reactivo a alguna ofensa lo demuestra.
Imagínate a tu subconsciente como un gran vendaje. Has estado cubriendo tu herida con vueltas y más vueltas de vendaje. Pero la herida sigue sangrando y lo único que se te pide es que seas capaz de observarla con tu conciencia, es decir, que la hagas consciente. No necesitas saber ni cuando ni como se produjo, eso ya no te importa, y ésta es una gran noticia. Sólo tienes que atreverte a observarla sin implicación. Observa el dolor. Observa al ego sufriente. Observa como se identifica con el dolor. El dolor también tiene algo que decirte. Escúchalo. Observa como es en su raíz misma, pero siempre sin implicarte ni juzgarlo como bueno o malo. Es lo que es. Es como es. Exactamente como es. Ni más ni menos. Utiliza tu conciencia. Utiliza el observador que hay en ti. Sólo tienes que permitirte verlo.
Tendemos a pensar que es peor de lo que en realidad es. Así que para empezar lo que tienes que hacer es deshacer esos vendajes. Eso es lo único que se te pide. Responsabilízate de esa herida y no culpes a nadie ajeno a ti por ella. Observa tu herida. Observa todo lo que está ocurriendo dentro y fuera de ti. Cuando seas capaz de observar esta herida de frente se desvanecerá ante ti como por arte de magia. Este es el milagro de la conciencia. Con el vendaje caerá el secretismo y morbosidad de lo oculto que envuelve a esa herida. San Pablo dice que la conciencia es la luz y que toda oscuridad se convierte en luz ante la presencia de ésta. De la misma manera que sólo necesitas que entre luz en una habitación para que desaparezca toda la oscuridad. Dejará de ser oculto, dejará de ser secreto para ti, entonces y sólo entonces dejará de doler. Entonces serás completamente inmune a las ofensas. No te preocupes por lo que vayas a encontrar .Es una simple herida, pero lleva así muchos años, muchas vidas, ya es hora de hacerlo consciente y acabar de sufrir, pero todo se te irá revelando según tú lo puedas tolerar. No te preocupes por eso. Y cada revelación vendrá acompañada por una danza. La danza de la existencia, la danza de lo sublime, no lo olvides.
Así que agradece cada vez que te señalen a tu dolor madre aunque aún te resulte doloroso porque ahí tienes una enorme oportunidad de desvelar su secreto. Ahora ya puedes trabajar en algo constructivo en lugar de destruirte a ti y a los demás inútilmente.
Te estoy dando esta llave para que la uses y te liberes de tu sufrimiento. A medida que vayas avanzando en este camino irás trascendiendo todos tus sufrimientos. Así que ya sabes, cada vez que te sientas ofendido tienes una magnífica oportunidad de observar esas heridas. Tus heridas siguen sangrando y doliendo. Tú las sientes pero no las ves. Hace siglos que no las ves y tu memoria acerca de ellas está intoxicada por el morbo que rodea cualquier cosa oculta, sea la que sea, aunque sea la cosa más inocente. Esta es la manera en que funcionan todas las mentes.
Fíjate en como funciona un péndulo. Se inclinará tan hacia un lado como haya sido la inclinación hacia el otro. La anorexia y la bulimia nerviosas son un reflejo del resultado de la represión de la mente. No se puede reprimir a la mente. Lo reprimido es introducido en el subconsciente de manera profunda y allí se queda incrustado pasando a formar parte de tu mente. No tienes que reprimir nada, lo tienes que trascender. Si quieres que se quiera ver algo, tápalo. Ese es el fundamento de toda pornografía. ¿Por qué no nos olvidamos de toda represión y culpabilidad y empezamos a actuar con responsabilidad hacia nosotros mismos y hacia el resto de seres vivos?
En el fondo lo único que te puede hacer daño de verdad es lo que piensas tú sobre ti. Así que trabaja sobre ello.
Tú tienes el poder. En tus manos está ejercerlo o regalarlo. Utiliza tu responsabilidad como un arma.
Hasta la semana próxima, Océanos de amor, Lydia_
http://www.rumboalnirvana.com
|