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CAPÍTULO II DESCUBRIENDO QUIEN ERES (PARTE II) TÚ ERES ESO Escrito por Lydia_
(Este capítulo es una continuación del capítulo nº 1: no eres tu mente) Busca un álbum de fotos tuyas. Ahora obsérvate en ellas y dime qué ves. Tu aspecto no para de cambiar, es cierto, pero fíjate bien y verás que hay algo que permanece inmutable en todas tus fotos. Y es el observador que hay en ti teniendo sus experiencias. El observador es lo único que permanece.
El observador no tiene edad; o mejor dicho, tiene todas las edades por las que has pasado.
Ahora eres un bebé y todo tu mundo se reduce al calor y al alimento que obtienes de tu madre. Y tú estás allí, observando, teniendo tu experiencia de calor maternal. Aunque tú no te acuerdes, en tu subconsciente se hallan todos tus recuerdos. Tu subconsciente no ha olvidado nada. Eres tú quien no se acuerda. Porque no tienes acceso a ello. Pero eres todo lo que has sido a la vez. Eres el de dos años, eres el de quince y eres el de veinte. Eres el que experimenta. Eres todos. El tiempo no existe para tu Yo real.
Para tener un vislumbre de lo que eres la mente debe pararse. Si no lo hace estás falseando todo lo que llega a tu conciencia al tener que pasar primero los estímulos por tu filtro mental, según te he explicado antes.
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Sólo nosotros nos hemos ido del presente, o al pasado recordando, o al futuro proyectando. Los animales y los niños de corta edad están viviendo en un eterno presente. El tiempo no existe para ellos porque el tiempo es una ilusión mental y ellos se encuentran fuera de esta ilusión. Pero si no estás en el presente, si estás pensando en el pasado o en el futuro, no estás en ninguna parte. El presente es la única manera de vivir, porque no existe otro espacio real en el cual construir tu vida.
 Tal vez sólo nos hayamos ido a un minuto por delante, pero esto ya ha creado un espacio delante de nosotros, un espacio abismal inalcanzable por su naturaleza ilusoria. Es lo mismo que pretender alcanzar la línea del horizonte. Por mucho que camines siempre te faltará la misma distancia. No avanzarás ni un paso porque la línea del horizonte no existe como tal. Es un espejismo. Te puedes seguir engañando pero nunca lo conseguirás. No nos podemos mover hacia algo que sólo existe en nuestra imaginación, y ese espacio, esa grieta que creamos ante nosotros, crea ansiedad, porque debido a su naturaleza ilusoria, es inalcanzable.
Los movimientos mentales hacia el pasado o hacia el futuro es lo que crea la ilusión del tiempo. El único espacio real que existe es el presente. El pasado no existe, lo que existe es un recuerdo de un presente anterior. Y el futuro tampoco existe, porque cuando llegue, llegará en forma de un presente. Y tú también te lo perderás, porque para entonces ya habrá otro futuro imaginado en tu mente que alcanzar, o porque existirá en tu mente cualquier otro presente, en forma de recuerdo del pasado, que por supuesto, también te habrás perdido.
Cuando éramos niños, mucho antes de que el mundo de fantasía de la mente captara nuestra conciencia, secuestrándola, observábamos las cosas desde la amplitud de perspectiva de la conciencia. Cuando jugábamos estábamos tan inmensamente sumidos en el presente que se nos paraba el tiempo. El tiempo es una sensación ilusoria que se produce como consecuencia de los movimientos mentales hacia el pasado o hacia el futuro.  Cuando sueñas, vives el presente intensamente. Es decir, te trasladas a una dimensión atemporal donde lo único que existe es un eterno presente. La ilusión del tiempo desaparece; y con ella desaparece la ansiedad. Si vives profundamente en el ahora se parará el tiempo para ti. A todos se nos ha parado el tiempo alguna vez. Por ejemplo, cuando hemos estado con nuestro amado en pleno enamoramiento. Otra cosa es el tiempo de reloj, sólo que el tiempo de reloj no va a ningún sitio. Es una ilusión mental la que produce la ilusión del movimiento. Para que exista movimiento debe existir un desplazamiento desde un lugar a otro.
Algunos de tus recuerdos conscientes de la infancia tal vez se reduzcan a un aroma, un algo inmenso que en tu conciencia está simplemente representado por una sensación. Sabes que hay mucho más que el recuerdo consciente, aunque no recuerdes nada más y éste se reduzca a un aroma o a un cúmulo de sensaciones imprecisas. Pero nosotros sabemos que está ahí, y que aunque no lo veamos, es infinitamente más grande que el recuerdo.

Esa paz que recuerdas, ese amor, esa entrañable sensación, eso que podías percibir de fondo cuando aún reinaba el silencio en tu mente, cuando vivías plenamente en el presente y estabas fuera del tiempo, eso, eso es una parte de lo que tú eres. En ausencia de mente, tienes un atisbo de aquello de lo que estás formado. Es así de maravilloso. La paz, el amor y la alegría no están ahí, no vienen de fuera. Es imposible que vengan de fuera. Fíjate bien, eres tú quien las origina, se producen dentro de ti y por eso eres capaz de percibirlo. En ausencia de mente, en absoluto silencio, lo único que queda es lo que se refleja, es la conciencia. Y la conciencia, como energía que es, vibra en la sintonía del amor, de la paz y de la alegría. Eso es una parte de lo que eres. Así que la próxima vez que contemples anonadado una obra de arte, o la inmensidad del firmamento o del mar, tu mente se pare y tu carne se ponga de gallina, regocíjate, estremécete de felicidad. Estás teniendo un pequeño vislumbre de lo que eres en realidad. Océanos de amor esperando por ti. No te los pierdas. Hasta el próximo viernes, Lydia_ http://www.rumboalnirvana.com
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